La megarexia, percibirse como sano y delgado cuando se tiene sobrepeso

Sobre anorexia, anorexia combinada con bulimia, incluso del trastorno del atracón se ha escrito y hemos leído mucho. Pero sobre el lado opuesto, creerse en plena forma cuando nuestro cuerpo es lo más parecido a una salchicha o competimos con el muñeco Michelin, menos de lo deseado; y eso que sólo en el Estado español el número de personas megaréxicas supera los 5 millones doscientos mil y afecta a un 70% de hombres frente al 30% de las féminas.

Si comparamos estas cifras con las de la anorexia, por cada anoréxico hay diez megaréxicos. Estas proporciones no deben sorprendernos si tenemos en cuenta que las mujeres siempre han estado más pendientes de su figura y también la propia sociedad de consumo y los cánones de moda las ha obligado y obliga a cuidar su alimentación. Vivimos en una sociedad en la que a un hombre obeso se le denomina “fuerte” mientras que una mujer llenita es una “pedazo de gorda”.

Ellos no tienen espejo

Para los megaréxicos, su sobrepeso e incluso obesidad es sinónimo de fuerza y vitalidad, lo que conduce a que renieguen de cualquier tipo de dieta hipocalórica. Tampoco realizan ejercicio y sus hábitos acostumbran a ser poco saludables, lo que incluye la ingesta excesiva de patatas fritas, bollería industrial, dulces, comida precocinada y otros ejemplos de calorías vacías. En definitiva, son incapaces de valorar el alcance de su problema.

En otros casos, se niegan a aceptar su paso excesivo, fingiendo que no existe, lo que les conduce a evitar los espejos, negarse a ir de compras para no tener problemas con las tallas y no aparecer en fotografías. Esta dinámica de autonegación, además, puede derivar en conductas hostiles hacia ellos mismos y los demás.

La aparición de este trastorno puede deberse a múltiples causas tato de carácter genético como ambiental, educativo y psicológico. Dificultades en el control de impulsos pueden dar lugar a una adicción a la comida hipercalórica.

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Tratamiento

El objetivo principal en estos casos ha de ser la prevención, pero una vez se ha desarrollado el trastorno, el abordaje terapéutico debe realizarse en un centro especializado y por un equipo multidisciplinar, ya que requiere la colaboración de diferentes especialistas y niveles asistenciales, porque se deben tratar tanto problemas psicopatológicos como orgánicos.

Para comenzar se ha de realizar una orientación educativa, en la que se proporcione al paciente ayuda diagnóstica, lo que les ayudará a identificar sus conductas y tener conciencia de la enfermedad, información sobre las consecuencias físicas y psicológicas de su estilo de vida, y consejos nutricionales que permitan corregir las creencias erróneas nutricionales.

A continuación, se trabaja para modificar la conducta. Para ello deben identificar los factores precipitantes y de mantenimiento de las conductas problemáticas, estableciéndose conductas incompatibles con ellas. También deben reorganizarse los patrones alimentarios y fijarse unas metas realistas, de dificultad progresiva y establecer un sistema de refuerzo.

Otro de los puntos clave que deben abordarse es la modificación cognitiva. Uno de los objetivos es cambiar el pensamiento pasivo y conseguir que estas personas se conviertan en sujetos activos y asuman responsabilidades en el tratamiento. Asimismo, han de trabajase los pensamientos distorsionados asociados con la comida, el peso o los alimentos; así como distorsiones perceptivas y los miedos a no ser aceptados.

El siguiente aspecto que es necesario tratar es la corrección de las respuestas desadaptativas tanto en relación con la comida como con sus relaciones sociales, orientadas a modificar los rituales respecto a la comida, recuperar las relaciones sociales, afrontar los problemas cotidianos, expresar los sentimientos y entrenar técnicas de habilidades sociales y autoestima.

Finalmente, para evitar recaídas, lo más importante es determinar las posibles situaciones de riesgo, establecer un programa de exposiciones controladas y analizar las recaídas para extraer aspectos positivos de ellas que ayuden a prevenir las siguientes.

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